miércoles, 27 de mayo de 2015

Dichosa cremallera



La llegada de la primavera ha causado un extraño fenómeno en mi persona. Por lo general voy vestida de lo más sencillita. Mona pero  sin destacar demasiado. Pues bien, desde que hace unas semanas ya la temperatura subiera por encima de los veinte grados, me ha dado por los vestidos. Como mujer que ha tenido sobrepeso durante bastantes años, nunca me había atrevido con este tipo de prendas. Básicamente porque los que me gustaban no me entraban  y los que se ajustaban a mi cuerpo parecían más apropiados para cubrir una mesa camilla. Pero como gracias al esfuerzo he logrado quitarme todos los kilos que me sobraban esta temporada mi problema reside principalmente en qué vestido NO comprarme.
Hoy he elegido uno de color blanco precioso que me compré en mi último viaje a Nueva York. Como buen vestido lleva una bonita cremallera que me ha ayudado a abrochar mi hijo de nueve años a primera hora de la mañana. He salido a la calle contentísima con mi nuevo look e incluso he recibido un par de halagos por parte de personas que por lo general ni me miran. Me he paseado por las calles de Barcelona mientras hacía una serie de recados que tenía pendientes y luego me he ido en dirección al despacho a escribir.
Lo primero que he hecho al llegar ha sido quitarme los tacones. A continuación mi intención ha sido quitarme el vestido pero cuál ha sido mi sorpresa al comprobar que la cremallera estaba atascada. Durante unos segundos he tratado de mantener la calma repitiéndome que solo tardaría unos segundos en deshacer el entuerto. He seguido intentado deshacerme de la prenda pero no había manera. En uno de mis intentos desesperados por quitarme el vestido me he tumbado en el suelo y he hecho la croqueta para ver si así aflojaba un poco la cremallera. Pero tampoco ha funcionado.  Me he vuelto a poner de pie y he llegado a la conclusión de que tendría que quedarme así hasta que llegue el niño del colegio. Pero todavía faltaban un montón de horas y no me apetecía arrugar el vestido tan estupendo.
Durante varios minutos he vuelto a hacer un último intento de bajar la dichosa cremallera pero nada. No he tenido suerte. A continuación ha pasado por mi mente aquella famosa frase que reza: “A grandes males grandes remedios”. Así es que enfundada en mi vestido con cremallera atascada y todo he abierto la puerta de la calle, he salido al rellano y he llamado al timbre de mi vecino de al lado. A los pocos segundos ha abierto la puerta y me ha mirado con cara de no comprender nada.
     Perdona… Sé que esto te va a parecer raro pero, ¿puedes ayudarme?— le he dicho mientras me daba la vuelta y le enseñaba la cremallera a medio bajar del vestido.
     Veré qué puedo hacer— ha respondido él casi entre risas.
     En serio no quiero sexo ni nada. Es que me he quedado atrapada aquí dentro. — Una frase estúpida por mi parte, sí. Pero es que el momento era de lo más surrealista y suelo decir gilipolleces en situaciones así.
     No te preocupes…
Durante unos segundos el muchacho ha estado forcejeando con el vestido hasta que al final he escuchado un click que ha sido como música celestial.
     Ya está. ¿Puedo hacer algo más por ti?
     No… muchas gracias, de verdad.
     Luego he dado media vuelta. He tratado de caminar lo más digna posible mientras me sostenía el vestido con una mano y abría la puerta con la otra...

martes, 12 de mayo de 2015

Entre dos hombres




Óscar... David....
David... Óscar....
Cualquier cosa que hiciera a lo largo del día me llevaba a pensar en alguno de los dos. Había salido de Barcelona para aclarar las ideas y, en especial, para lograr centrarme en mi trabajo. Benidorm había supuesto una sorpresa muy agradable en todos los sentidos y también me había dado a David. Qué complicado era todo...

*"Bésame ahora"

miércoles, 6 de mayo de 2015

Más sobre "Bésame ahora"

Hoy os traigo una nueva entrevista que me han hecho en el blog "Mi vida en hojas de papel". En ella hablo de "Bésame ahora", segunda entrega de la trilogía "Bésame" y también doy algún que otro detalle sobre mí. Disfrutadla:)

http://mividaenhojadepapel.blogspot.com.es/

martes, 5 de mayo de 2015

martes, 28 de abril de 2015

A true story




Suena el timbre. Salgo del despacho y abro la puerta. Aparece ante mis ojos un maromo de unos 27 años con un mono azul y una bonita sonrisa.  Le sonrío como una mema mientras caigo en la cuenta de que llevo la misma pinta que Estela Reynolds cuando se pone un whiskito cortito. Pero ya es tarde para hacer nada así es que sigo sonriendo.
- Hola. Vengo a hacerte la revisión- dice el mozo quien me enseña una acreditación a la que yo apenas presto atención.
- Pasa, pasa y revisa...
El muchacho entra y se queda parado en el salón. Sin dejar de mirarme de arriba a abajo (probablemente ha pensado que soy una friki colgada) ha empezado a hablar.
- ¿Me indicas dónde tienes la caldera?
Hombre así en frío sin saber ni siquiera su nombre me ha parecido muy fuerte contestar a su pregunta. Sin embargo he pensado: "Pues donde voy a tener la caldera, hijo? Donde todas¡¡¡". Pero como me daba apuro responder he seguido mirándole con cara de besugo. El joven ha debido confirmar con esta actitud que soy sencillamente gilipollas y ha vuelto a preguntar.
- Es que necesito hacerte unas mediciones y necesito que me digas dónde está la caldera.
"Madre mía esto sí que es ir directamente al grano" he pensado yo mientras que trataba de vocalizar alguna palabra coherente.
Entonces el tremendo ha abierto un maletín que yo ni me había dado cuenta de que estaba allí y ha sacado una especie de termómetro gigantesco apto para dinosaurios. Primera frase que me ha venido a la mente: "Como todo lo que tenga para medir sea así muero". Ya con el medidor en la mano me ha vuelto a preguntar por la caldera. Y por fin lo he entendido todo...