Tenía doce años cuando leí mi primera novela de Victoria Holt. “La herencia Landower” se titulaba. Hasta aquel momento había pasado los años de mi niñez devorando todo lo que caía en mis manos (incluidas las novelas de la colección Jazmín y Harlequín que cambiaba en el estanco cada semana). Era verano y, mientras en mi casa veían la enésima reposición de la serie Falcon Crest, me iba a mi cuarto a perderme entre las páginas de ese libro.
La historia me cautivó desde el principio. Dos hermanos, una chica, un misterio y la posibilidad de un gran amor. Tardé solo unos pocos días en devorarlo. Al llegar a la última página tuve esa sensación que ahora me es tan familiar. La de quedarme huérfana. Qué iba a ser de mí sin saber nada más de esos personajes que habían llenado las últimas horas de mi vida. Encontré la respuesta un par de noches después.
A la mañana siguiente me levanté y fui directa a la hucha en la que guardaba la paga semanal que me daba mi madre. La abrí. Cogí todo el dinero y fui a la librería. Me compré todo lo que tenían de aquella autora que tanto me había fascinado. El resto del verano fue de los mejores que recuerdo. Días de playa y de interminable lectura bajo la sombrilla. Durante esas semanas se fraguó en mi interior parte de la persona que soy ahora. Un solo libro bastó para prender la llama que todavía sigue viva.
Y vosotros… ¿Tenéis un libro que os marcó?







