El Patio De Mi Casa

El gato volador



Hoy ha habido un nuevo drama en la comunidad. A las siete y media de la mañana estaba tan tranquila en la ducha cuando he empezado a oír lloros y lamentos. He salido a ver qué pasaba y me he dado cuenta de que una de mis vecinas estaba asomada a la barandilla del patio mirando desesperada en todas direcciones. Como resulta que una es muy impulsiva he salido a la terraza como mi madre me trajo al mundo así es que no he podido asomarme demasiado. He regresado a por una toalla a ver si conseguía averiguar qué era lo que estaba pasando. Pero, justo cuando iba a salir a cotillear han llamado a la puerta. Los pintores (sí… es que ahora están pintando la escalera), necesitaban un cubo con agua. Así es que he tenido que salir a atenderles al tiempo que procuraba que la toalla me cubriera lo más obvio. 
En mi segundo intento de salir a chafardear me he dado cuenta de la hora que era. Así es que he ido directa a despertar a mi hijo para ir al cole. He preparado el desayuno, nos hemos vestido y cuando estábamos listos para irnos los lloros en el vecindario alcanzaban el mismo volumen que un concierto de los Héroes del Silencio. Mi hijo, que también es un rato cotilla, ha salido al patio a averiguar qué pasaba. Pero no se veía nada. Solo se oía a la vecina repetir desconsolada: “¡Ay Arturo, mi Arturo!”.  Luego nos hemos ido los dos a la calle un poco agobiados con la tragedia. 
Al regresar me he encontrado con un follón monumental. La vecina estaba en el portal llorando histérica mientras no dejaba de repetir en nombre de Arturo y un grupo de siete mujeres trataban de consolarla. Yo me he quedado muerta. Nunca había visto tan de cerca a nadie gritar con tanta desesperación. Iba a acercarme a ella a darle el pésame pero, por suerte, una vecina ha hablado antes…
Pero vamos a ver…. ¿El gato estaba anoche en casa?
Esta madrugada lo he visto cuando he salido a tomarme la medicación — ha respondido la vecina entre sollozos
Pues entonces no puede estar muy lejos. Seguro que no le ha pasado nada. 
Es que como es tan tonto…. ¡Pero si se sube a la barandilla a cazar palomas! Seguro que se ha caído y se ha espachurrado. ¡Ay mi Arturo!
Y allí en medio de este caos estaba yo sin saber bien qué decir. Al final he optado por dar los buenos días y subir a casa. Al llegar me he puesto mi ropa cómoda para escribir y me he sentado en el despacho pero no dejaba de oír los lamentos de la vecina. Así es que he decidido entretenerme un poco poniendo la lavadora y recogiendo la cueva. Cuando he salido a tender al patio el drama seguía en pleno apogeo. Y yo allí con mis pincitas y mi colada. Me faltaban un par de prendas por colocar cuando he oído un débil lamento. Pero convencida de que se trataba de la vecina no he prestado atención. Pero entonces se me ha caído el cesto de las pinzas al suelo y…. allí estaba… hecho un ovillo y escondido detrás de una mesa que tengo en la terraza… ¡Arturo en carne y hueso!
Durante unos segundos el bicho y yo nos hemos mirado con respeto hasta que ambos hemos llegado a la conclusión de que no íbamos a atacarnos. He alargado la mano y Arturito se ha movido. Poco a poco he conseguido sacarlo y, cuando se ha dejado tocar, lo he cogido y se lo he subido a la vecina.  La mujer tenía la misma expresión en la cara que si hubiera visto a Brad Pitt metido en su cama. Cuando ha cogido al gato en brazos le ha dicho: ¡Ay Arturo, te voy a comprar una pistola para cazar palomas!”








Tratamiento de belleza



Lo bueno de vivir en un edificio junto a la montaña y con vistas al mar es el buen rollo que se respira entre los vecinos. Todo son sonrisas, cordialidad y almuerzos de hermandad. Bien…. En realidad las cosas no son así sino más bien todo lo contrario. 
Desde hace varios meses tenemos obreros en las escaleras que están cambiando tanto la instalación de luz como la de agua de todo el edificio. Se supone que nos van a sacar del siglo XVIII en el que se construyó esto y nos van a meter de lleno en el XXI. Siempre he sido partidaria de conservar las cosas pero, al mismo tiempo, también de irlas adaptando a los tiempos. Rarezas mías. Así es que estoy encantada de que por fin podamos encender la luz del cuarto de baño sin que el vecino de tres pisos más abajo se quede sin luz en la cocina. 
Los obreros llegan a las ocho de la mañana y se van a las siete de la tarde. Un auténtico infierno porque se pasan todo ese tiempo picando tuberías, paredes y parece que se te va a caer la casa encima. De hecho, mientras escribo estas líneas me tiembla el teclado sobre la mesa. 
Hace un par de días pusieron un cartel en el tablón de anuncios de la comunidad en la que se nos rogaba que tanto el martes como el miércoles no utilizáramos el fregadero de la cocina porque están trabajando justamente con esas tuberías. Ayer todo fue sobre ruedas pero, la paz en la comunidad era demasiado bonita como para ser verdad. 
Estaba preparándome un Té Chai en la cocina cuando, de repente, empiezo a ver caer por mi ventana el diluvio. Durante unos segundos he creído incluso ver a Noé a bordo del Arca. He salido al rellano de la escalera y he mirado hacia arriba.  Lo que bajaba por la pared no era agua… Era más bien el diluvio universal. Sin pensármelo dos vez he subido a pedirle explicaciones a la vecina quien “amablemente” me ha dicho que ella no puede estar sin poner el lavavajillas. He contado hasta cien básicamente para no decirle que cómo era posible que no pudiera estar sin fregar los platos pero que le encantara no limpiar esa terraza que me llena de pelusas la ropa cuando está tendida. 
Como no quería perder los nervios (más) he bajado a hablar con el Presidente. Mientras tanto el agua seguía fluyendo como las cataratas del Niágara. Cuando he llegado a su casa me he encontrado con que el pobre hombre ya estaba lidiando con otras tres vecinas a las que el agua se les estaba metiendo en casa. Le he manifestado mi malestar y he regresado a mi despacho.  No hacia ni tres minutos que me había sentado para trabajar cuando he empezado a escuchar voces por el patio. 
Ya podrías ducharte un poco que no sé yo para qué quieres lavavajillas con lo cerda que eres¡¡¡
Cállate, Perra!! Y deja de robarle el dinero a tu marido que siempre estás sisándole la pasta de la compra. 
Como suba ahí te voy a lavar ese pelo aceitoso que llevas de una hostia¡¡¡
Ven si te atreves porque lo más bonito que te va a pasar es que te arranque los pelos del chichi. 
Yo, en vez de mediar en el conflicto, he echado el pestillo de la puerta no fuera a ser que se equivocaran de piso y vinieran a hacerme la depilación gratis a casa. Mientras tanto el agua seguía fluyendo. Por suerte las ventanas de mi cocina son resistentes y aguantaban el chorreo. Las dos vecinas en cuestión han seguido discutiendo hasta que he escuchado que alguien subía como alma que llevaba el diablo por las escaleras. 
¡Ábreme, cerda! Que te voy a hacer una lipoescultura a bocaos!
Entonces ha sonado el telefonillo de casa. La Guardia Urbana preguntaba dónde era la fiesta y los he mandado para arriba. Pero mientras subían se han oído golpes, insultos y más golpes. Yo estoy intrigada por saber si el tratamiento de belleza les habrá sentado bien…

3 comentarios :

  1. Jajajajaja, Joder Raquel, invitame un dia tu casa y nos preparamos unos mojitos mientras escuchamos la super fiesta!! nena no te aburres para nada!!

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  2. Pues cuando quieras os venís y la liamos aquí. Tenemos entretenimiento de sobra:)

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  3. Me gustaría reunirme con la vieja bruja de mi vecina para joder a la gente chismosa, siempre están mirando por la rendija de su puerta para ver con quien entro o con salgo, estas viejas saben toda mi vida sin mi permiso que desgraciada gente hay en esta vida ajena jajajjajaj

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